lunes, 30 de enero de 2012

Paz y armonía

Paz y   armonía



Pasado y presente. Sin historias. Interactuando con las imágenes. Este vídeo no tiene puertas ni ventanas. Podemos sumergirnos en él, regresar a casa y preguntarnos qué nos sugiere. Explórenlo, si es posible, a pantalla completa.

Que lo disfruten.



sábado, 28 de enero de 2012

La sabiduría de la madurez

Madurez



Marta era una muchacha hermosa, temperamental, intrépida. Creía conocerlo todo, dominarlo todo, poder con todo. El mundo era suyo y los demás, obstáculos en su camino de los que fácilmente se podría desprender.

Se miraba todos los días al espejo y no advertía ningún cambio. Hasta que un día se topó con alguien que -ostentando su mismo carácter- le hizo notar que, en alguna parte, había extraviado esa juventud que la enorgullecía.

- No te tomes la molestia de buscarla: nunca vuelve.

Regresó a su casa llorando. Le habían pegado literalmente donde más le dolía. Sin embargo, su naturaleza seguía siendo la misma. Se repuso y prefirió optar por la negación de la realidad.

Varias paredes más que la golpearon de frente y un tiempo considerablemente largo de introspección la llevaron a comenzar a construir, con los restos de lo que había sido, una persona nueva. Lamentablemente, no terminará pronto de armar ese rompecabezas y pegar tantos fragmentos de sí misma.

Asimiló que todas sus parejas habían fracasado porque amar no era subyugar al otro, porque su compañía engendraba soledad... Entendió que un beso es una demostración de cariño o de pasión, no un juramento, ni un pacto, ni una promesa.

Hizo un recuento de sus derrotas y concluyó que la vida, mágicamente, le brindaría la posibilidad de caerse y levantarse en sobradas ocasiones. Con humildad. Con la ayuda del suelo.

Tomó nota de que si alguna vez sus afectos incondicionales la habían herido, lo hicieron porque no cupo el diálogo sanador y superador. Quizá sin quererlo o en pleno ejercicio de su férreo orgullo, en lugar de interactuar haciendo, perpetró. Y lastimó con saña. La confianza, sustentada por años, se hizo añicos en un segundo. Se preguntaba si era posible recuperarla. Equivocadamente, pensaba que aquél a quien mortificó, podía encontrarla caída en la calle y seguir caminando como si nada hubiera visto, siendo que, por encima de todo, habría sido el primero en tenderle una mano... y en dar su vida por ella.

El hombre al que Marta agravió y atormentó, me hizo llegar un texto cuyo autor se desconoce y que transcribiré a continuación:

Madurar es tener la habilidad de controlar la ira y resolver las discrepancias sin violencia o destrucción.

Madurar es aprender a no prejuzgar, no juzgar, no criticar, no participar en falsos rumores.

Madurar es poner en práctica las enseñanzas recibidas de la vida.

Madurar es intuir la manipulación que afecta nuestras vidas y hacerla a un lado.

Madurar es tener la destreza que requiere la paciencia. Es la voluntad de posponer el placer inmediato en favor de un beneficio a largo plazo.

Madurar es perseverar, tener el don de terminar un proyecto o salir airoso de una situación adversa.

Madurar es tener la humildad que permite reconocer un error.

Madurar es disfrutar de la capacidad de tomar una decisión y sostenerla. Los inmaduros pasan sus vidas explorando posibilidades para al fin no hacer nada.

Madurar es ser confiable, mantener la propia palabra, superar las crisis. Los inmaduros son maestros de la excusa, son los confusos, los desorganizados. Sus vidas son un caos de promesas rotas, amigos perdidos, negocios sin terminar y buenas intenciones que nunca se convierten en realidades.

Madurar es vivir en paz con aquello que no se puede cambiar.

Envejecer es obligatorio. Madurar, es opcional.

Ojalá que lo leas, Marta. Ojalá.

viernes, 27 de enero de 2012

Memoria

Holocausto



Letras del pasado... relatos de ficción que -por una vez- cederán su lugar a una realidad cruel, escalofriante e irracional. Le caben mil epítetos más pero ¿para qué seguir?

Hoy, 27 de enero, es el Día Internacional de Conmemoración del Holocausto.

Este vocablo, "Holocausto", proviene del griego "holo" (total) y "kaio" (quemar). Antiguamente hacía referencia a un rito religioso consistente en incinerar una ofrenda. En tiempos modernos, alude a cualquier matanza humana de gran magnitud. Empleado como nombre propio, apunta al exterminio masivo y sistemático del pueblo judío residente en Europa a manos del nacionalsocialismo.

En 1933, la nación más culta del planeta decidió ser gobernada por un psicópata que convirtió al continente en un infierno, provocó una guerra mundial e hizo asesinar a millones de seres humanos en nombre de un absurdo que dio en llamar "limpieza étnica".

Todos hemos oído hablar o hemos leído acerca de campos de concentración, deportaciones, cámaras de gas, hornos crematorios... Paradójicamente, quiero y no quiero escribir sobre ellos.

Yo no estaba allí pero hoy me pongo en la piel de cada una de las víctimas: siento su humillación, su miedo, su hambre, su desnutrición, su sometimiento al trabajo forzado. Mi nombre es rápidamente sustituido por un número tatuado en un brazo, reemplazan mi ropa por un traje rayado, rapan mi pelo... Me convierten en un objeto. Ni siquiera puedo decir que soy nadie. Ya me transformo en nada.

Veo paredes arañadas por quienes, aún con vida, fueron introducidos en un horno crematorio. Y no tengo fuerzas para llorar.

Sé que más temprano que tarde, esa nada que elaboraron de lo que alguna vez había sido mi persona se trocará en un cadáver. Y que con su grasa fabricarán jabones; y con su piel, pantallas para lámparas.

Regreso a 2012.

A los seis millones de mártires, les pido perdón en nombre de todas las buenas gentes que habitan este mundo. Soy mujer y no puedo decir Kadish por ustedes, pero sé que muchos se encargarán de hacerlo.

Al conjunto de seres anónimos y a los ya declarados Justos de las Naciones, vaya todo mi agradecimiento por haber arriesgado sus vidas en intentos desesperados por salvar las de ellos. Un recuerdo especial para usted, Secretario Raoul Wallenberg: Simon Wiesenthal, que luchó tanto para lograr el esclarecimiento de su desaparición, dejó la vida sin haberlo logrado.

Que estén siempre presentes en nuestra memoria.


NUNCA MÁS

martes, 24 de enero de 2012

El vuelo

El   vuelo




Recostada cerca del mar, contemplaba el cielo y pensaba en lo maravilloso que sería poder volar sin máquinas inventadas por el hombre: ella y la esencia misma de la naturaleza. Sabía que se trataba de una locura pero debía intentarlo.

Repentinamente vio una nube. Y otra. Se desplazaban. Las nubes son viajeras. Como pudo, escaló hasta alcanzarlas y se acomodó para disfrutar del paseo. Susurraban prometiéndole una descomunal felicidad de colores.

El periplo comenzó en el océano y fue alcanzando, gradualmente, diferentes perspectivas: arroyos sinuosos, cascadas, montañas y jardines de flores que hasta parecían regalarle su fragancia.

No supo en qué momento miles de gotitas gestaron una densa calima que apagó al sol, pero desde lo alto veía reflejada cada chispa rociando el horizonte.

Era mucho más que lo que había imaginado: se sentía extasiada. Esa travesía debía durar años...

Se despertó. Había atardecido y la arena ya no estaba caliente. Con los minutos contados fue a su hotel, retiró las maletas y se dirigió al aeropuerto, desde donde un avión la devolvería a casa.

domingo, 22 de enero de 2012

Una escalera para llegar al sol

Paloma




Nunca, a nadie, se le hubiera ocurrido pensar que desde su niñez hasta hoy, vivió para que su presencia se notara. Inconscientemente, quizá, lo hizo para que se sintiera su ausencia.

Era bella, traviesa, solidaria, ocurrente. Lo sigue siendo. Cierta vez fue encontrada buscando una escalera. Halló una, pero no le servía. Debía ser más alta para poder llegar al sol.

- ¿Qué hay en el sol?

- Una palomita. Mi papi me dijo que lleva cartas y le quiero mandar una a mi abuelo, que me mira desde el cielo pero yo no lo puedo ver. Y no sé escribir.

- Si me dictás, transcribiré lo que me digas y ataremos el mensaje con uno de tus moñitos a una foto que te voy a regalar. Conocí mucho a tu abuelo. Se me ocurre que le gustaría más que hagas un dibujito para él.

Lo hizo. Emanaba ternura. Antes de terminar buscó rouge, pintó sus labios y los estampó sobre el papel.

- Aquí, debajo del beso: ¿podés poner "Te quiero"?

- Por supuesto que sí.

Miró interminablemente la foto y finalmente preguntó:

- ¿Me parezco a él?

- Tienen los mismos ojos, la misma nariz...

Rebasaba de alegría y emoción. Saltaba, feliz, mientras secaba sus lagrimitas.

Agustina era una criatura a la que no se podía dejar de querer. Fue creciendo y a la edad de 9 años supo que una de sus vecinas cumplía años y estaría sola. Pidió que se la acompañara al supermercado. Había que comprar todo lo necesario para hacer una torta. El problema era que no sabía cocinar. Se las arregló para conseguir una asesora. Al tiempo que le iban indicando cómo hacerla, ella, subida a una banqueta para alcanzar la mesada de la cocina, preparó la torta, la horneó y la decoró. En la tarde, tomó su regalo y fue a festejar el cumpleaños de su vecina para evitarle una tristeza segura.

Hoy es una joven adulta, casada, madre de su primer hijo, profesional. La infancia quedó grabada en su mente y en sus sentimientos. Cuando está, genera una fiesta para quienes la acompañan. Cuando no, se la extraña porque su ausencia se siente. Demasiado.

viernes, 20 de enero de 2012

Un perenne afecto

Orquídea



Ella, él y el amor a primera vista. Ese que logra que cada uno crea que puede mover montañas por el otro, evaporar océanos para allanarle el camino en el caso de que no sepa nadar, hacer fluir el agua de un río seco si tiene sed.

Viajaban, se divertían... todo era una fiesta de unión, devoción y camaradería.

Sus vidas, durante diez largos años, se transformaron en una simbiosis perfecta, aunque por momentos soportaron tormentas que los lastimaron y mucho. Por lo general y después de la elaboración de duelos, ganaba el amor. Cuando esto sucedía, recordaban -salvando distancias- a Fray Luis de León, aquel prosista y poeta español, profesor de la Universidad de Salamanca, que fue encarcelado por la Inquisición y retomó sus clases luego de obtener la libertad, expresándose así:

"Decíamos ayer..."

Hasta que un día advirtieron que aquello de que "todo tiene un principio y un final" era desafortunadamente cierto. No fue fácil. ¿Cómo un amor tan sólido podía agotarse provocando tamaño desconsuelo? El pesar no fue efímero: se extendería por un espacio literalmente eterno.

Pasaron dos décadas. Ella, acomodando su biblioteca, encontró entre las páginas de un libro una orquídea, ya seca, que él le había regalado. Algunas semanas más tarde, él obtuvo su número telefónico y la llamó. ¿Causalidades?

El amor de entonces sufrió una metamorfosis y se transformó en cariño. Un perenne afecto que los convirtió en amigos. De esos en los que se puede confiar. Sin recelos.

domingo, 15 de enero de 2012

Señor policía

Patrullero



Lucía y Mariana -ambas menores de edad- subieron al auto con rumbo al centro de la ciudad.

Mari bajó en una esquina, donde debía esperar a su hermana, que no demoraría más de veinte minutos. Lucía se dirigía a una perfumería cuando, repentinamente, un policía hizo que se detuviera. Solicitó la documentación del vehículo y la autorización del titular.

En ese momento se originó una tremenda trifulca: el agente del orden no supo con quién se metía, y aquella con la que se había puesto de punta no pudo asimilar que "nadie" se inmiscuyera en permiso alguno que debiera emerger de su familia.

Señor policía, usted la privó de su libertad.

Es cierto que la decisión que tomó en esa milésima de segundo hizo que probara su propia medicina. Seguramente fue amarga y perforó sus oídos. Todavía debe estar arrepentido.

La llevó a la Dirección de Tránsito, donde le pidieron el nombre de un familiar cercano.

Franco recibió un llamado de su papá. Lucía estaba detenida. ¿Cómo "detenida"? ¿Presa? Sí, pero antes de explicarle los pasos a seguir se lamentó por tener un hijo tan estúpido: es que no podía parar de reírse. Su distinguido progenitor estaba lejos pero iba hacia allá. Franco llegaría antes. Previamente debía comunicarse con un amigo del Director de Tránsito para que intentara mediar a efectos de morigerar el tema.

Para él, nunca dejó de ser una suerte de paso de comedia. Mientras manejaba seguía riéndose.

Entró. Preguntó por la "detenida". La tenían en el último piso del edificio, en la más absoluta soledad. Pidió verla. "Está incomunicada". ¿Por qué motivo?: "Desacato a la autoridad".

Siendo que iba instruido respecto de mostrarse como un joven discreto y mesurado, solicitó que le informaran que había un familiar esperándola y -a la vez- le avisaran que todo se solucionaría a la brevedad.

Señor policía: usted, el mismo insensato que la puso en cautiverio en un sitio inapropiado, accedió al primer pedido, pero no al segundo.

El papá de Franco y el Director de Tránsito llegaron casi simultáneamente al edificio. Hablaron a solas, se reían, y él se preguntaba cómo podía tener un padre tan estúpido al que le causara gracia que su sobrina estuviera detenida e incomunicada. Por supuesto, pudo subir a verla y, luego de unos minutos, bajó con ella.

Señor policía, la próxima vez que intente "darle una lección" a alguien busque una víctima más dócil.

Habían pasado más de seis horas.

Fueron a buscar el auto, que no estaba "preso", y la acompañaron a su casa. Su mamá se sorprendió pero le relataron un encuentro casual y aceptó la versión. Sólo preguntó por su otra hija, de la que nadie se había acordado. En esa época ni siquiera existían los teléfonos celulares y Mariana seguía parada en esa esquina. Lucía, en medio de sus nervios, no tenía idea de dónde la había dejado.

Salieron a recorrer el centro y dieron vueltas por las manzanas aledañas a la de la perfumería hasta que la encontraron, llorando y temblando.

Ya pasó. Hoy es sólo una anécdota que les arranca una sonrisa pero...

Señor policía: la familia de Lucía espera que a estas alturas esté usted jubilado.